jueves, 24 de marzo de 2016

Reconociéndome

Desperté de madrugada, en mi pecho sentí un sonido que se apresuraba a salir por la boca. Mis cuerpo tenía vida propia. Me apresuré a ponerme de pie, abrir la cortina para iluminar un poco la pieza oscura, y dejar entrar la luz de luna.

Analice cada movimiento, cada suspiro. Sentía algo nuevo que se movía dentro mi propia garganta, sin ser capaz de construir a cada vocal y consonante aquello que me había despertado tan abruptamente.

Sentía la noche pesada, las estrellas brillar a los lejos, mientras a ratos desaparecían para volver a aparecer. La oscuridad dejaba de reflejar su abominación, en vez, la luna iluminaba distintos lugares, entre los que podía volver un árbol y un perro durmiendo bajo su alero.

Bajé y me preparé un café. Siempre es bueno ser capaz de beber algo en la noche cuando el sueño simplemente decide desaparecer por completo.

Mientras subía la escalera, comencé a repasar en mi cabeza el día. En el estaba el trabajo, mis alumnos, mis compañeros de trabajo, mis amigos, mis compañeros de danza y panqueques. Conversaciones de viajes futuros y planes de fin de semana. 

De pronto, al sentarme frente el computador, decido darle play a canciones preferidas. Las escucho mientras lentamente meneo mi cabeza a su ritmo, y me preparo a recostarme en la cama. En el camino me permito relajarme un poco mas y me recuesto en la alfombra, se siente mas reconfortante que la cama en este momento.

Es entonces que me golpea una vez más aquel ruido. Era un suspiro profundo, como si viniese del alma. 

He pasado semanas vaciando aquellos pensamientos, sentimientos, emociones y recuerdos. Y me encuentro aquí, en blanco, en negro y gris. No entiendo mucho, sé muy poco, y siento nada. Miedo.

Escucho una canción sin pensar en el dolor, en la alegría ni en el perdón. Bebo la taza de café sin pensar en un otro, en un momento, en una situación. Pongo mis pies sobre el suelo frío sin sentir necesidad de mañanas, ni recuerdos del ayer. Miro mi cama sin llorar el vacío, sin extrañar el todo. Siento nada.

Querer es poder, pero yo no quiero nada. Me siento yo cuando camino en la calle sin tener que sobre utilizar el cerebro, más que recordar hacia donde voy y como hacerlo. Beber una copa de vino sin tener que exponerme al escrutinio público por miedo a contar una historia de amor nunca contada. Despertar en la noche sin necesidad de ver el celular por miedo a no haber dado las buenas noches o enviar una foto en medio de la noche para decir que extraño.

Mis recuerdos son bellos, otros horrendos, otros penosos y alegres: agridulces. Pero ya no me afectan. 

Puedo conversar y ver a la cara sin sentir que oculto algo. Puedo sentir la soledad siendo parte de mi, pero sintiéndome conforme con ella y sus derivados: almuerzos preparados por mi, degustación de vinos, desayunos en compañía de un libro, tardes de fotografías en solitario, piel que sólo siente el roce de las sábanas.

Se siente raro permanecer en un estado de silencio sin que una voz interior boicotee tu paz. Se siente muy raro permanecer inmóvil por un momento muy prolongado sin ser interrumpido por movimientos involuntarios del celular. Se siente raro, pero se siente bien, se siento yo, siendo yo, actuando como, aprendiendo de mi.


miércoles, 2 de marzo de 2016

Miércoles 02 de Marzo de 2016

Miércoles 02 de Marzo. Dos meses y dos días en lo que va del año. 62 días desde que decidí comenzar de nuevo.

Días de pérdidas, de reencuentros, de encuentros y desencuentros. Días de rabia, pena, alegrías y odio. No sé hasta que punto sentí cada emoción, no sé hasta que punto me afectaron, pero aquí estoy, Miércoles 02 de Marzo de 2016.

Semanas de libertad y oposición, de entrega y recibimiento. He pasado unos días increíbles re-descubriéndome, y he pasado los días más terroríficos re-encontrando miedos y odios ocultos bajo la vanidad de mi ser. Superficialidad y espiritualidad juntas y unidas.

Perdí muchas cosas que jamás pensé perder. Gané cosas que jamás pensé obtener. Todo lo regalé.

Me propuse vivir todo aquello que no me había permitido por más de 20 años: penas, alegrías, blablabla. Todo ello con una sola condición; que sea todo a full.

He pasado 2 meses y 2 días vacíando el interior. Recordando cada evento importante en mi línea de tiempo. Llorando cada pena que dejé sin tocar. Riendo cada alegría que con reserva disfruté en el pasado. Escribí todo en papel. Grabé todo en cinta. Pegué todo en cuaderno. Leí todo en mis memorias. Todo hasta que no quedó nada.

Miércoles 02 de Marzo de 2016. Estoy listo para volver a comenzar.

martes, 12 de enero de 2016

Vacíos entre palabras

Tus ojos siempre me recuerdan la primera mañana que desperté pensando en ti. Aquella alegría por primera vez infinita, que sentía solo por el hecho que tu estabas en mi vida, aportando, haciéndome crecer, haciéndome creer.

Me enseñaste a no tener miedo y a enfrentarme a la vida de una manera que jamás lo había hecho. Tu me enseñaste a creer en algo más que en mi. Me enseñaste que aquellos que estaban a mi lado eran mas grandes que mi soledad y más infinitos que el universo.

Mi ser se convirtió en luz y esperanza, en infinito amor por ti y por aquellos ojos que me hacían sentir como un adolescente en medio de una odisea mágica. Tu voz me cautivaba a cada segundo; quería expresar a cada segundo algo nuevo por ti, pero detenía por miedo a perderte, pues sentía algo profundo y verdadero. Contigo jamás tuve que fingir a ser alguien que no era, fue suficiente por lo que te hice pasar por más de cuatro meses.


Te veía como espectador, mientras te debatías entre el miedo a seguir conquistandome y el amor propio que dejabas en cada intento. Recuerdo como si fuese ayer esa noche mágica en la que juntos nos tomamos de las manos, y fuimos a dar a un puente que unía la realidad y la fantasía, un horizonte mágicamente oscuro que ocultaba mi alegría y mi vergüenza. Me aterraba el no ser lo suficientemente bueno una vez que decidiera dejar atrás todo lo que me ataba al pasado. Pero lo hice, lentamente mientras te alejaba para poder conocerme yo, antes de presentarme frente a ti. Me decide de mi yo viejo, y comencé a desechar todo aquello que no sirviera en mi nueva vida: sueños, penas, expectativas que en nada se adaptaban a mi realidad, personas que ya no aportaban de forma positiva, mi pasado.

Me costó dejar ir pues había construido con tanto agobio un hogar, un templo, un muro de protección en el que nunca nadie entró; nadie hasta que llegaste tu.


Avancé así a casa paso sin mentiras, como te prometí una vez, como me prometí una vez. 

Adolecía de dolores desde que mi vida llena de sentimientos, me había llenado de soledad el alma después de tantas rupturas pequeñas que fueron reparándose lentamente, sin repararse del todo pues sentía una distancia del mundo que era sólida, inquebrantable.

Crecí pensando que era el hombre más fuerte del mundo, que nada podía afectarme. Me deshice de todas las penas, bloqueé todo sentimiento débil, y prohibí que las lágrimas volviesen a salir de nuevo; me hice de hierro. Me sentía en paz absoluta; un ser humano sin sentimientos, otros que rencores y odio. Nunca pensé llegar a amar de nuevo, pero lo hice. Te amé, te amé y te amé. Tanto, tanto, que te entregué todo en palabras, y me entregué completo tras cada caricia, cada mirada, cada suspiro en el quería susurrar tu nombre tan fuerte.

Cada día fue maravilloso, cada momento fue inolvidable. Al punto que si me preguntas fecha y hora, sabré decirte exactamente en donde estaba y que pensaba, si estaba contigo pensaba en ti, si no estaba contigo seguía pensando en ti. Pero decidiste irte, tener miedo, abandonarme en un caos absoluto. No supe como reaccionar más que sonreír y besarte la frente, pero me habías destruido más allá de lo que puedas suponer, me hiciste mierda.

Hay dolores y dolores: los físicos, los mentales y los del alma, pero este era un nuevo dolor para mi. Me dolía el pelo, el alma, el corazón, los huesos, la piel, los recuerdos, me dolía hasta mis pasos que ya daba sin ti. Me quedé tan solo, que ni la compañía de aquellos que fueron mi luz, podía calentar el alma. Me dediqué a escribirte tantas cartas, tantos poemas, tantas historias, tantas palabras fueron las que inspiraste, que las quemé no sólo en papel, las quemé una por una en mi cabeza, pues intentaba olvidar.

De pronto llegó alguien más que intentó quedarse en mi vida, pero tu presencia y tu recuerdo eran un monumento que ni siquiera él pudo manejar. Su tarea fue tan grande, su acometido tan imposible, que el día de mi cumpleaños simplemente se rindió y se marchó a buscar nuevos rumbos que no incluyeran ni mi presencia ni mi recuerdo.

Me mantuve seis meses compuesto, asistiendo a fiestas y ensayos de alegría, siempre con tu recuerdo en algún lugar de mi cuerpo; algunas veces en mi cabeza cuando escuchaba alguna canción, en mi cuerpo aquellas noches frías que me recordaban aquel viaje infinito a la playa, a los suspiros pues me recordaban los tuyos, mis manos cuando alguien más las sostenía porque esas manos te pertenecían sólo a ti y a nadie más.


Me mentí por seis largos meses. Cada mañana me decía he de olvidarte hoy!, pero nunca pude hacerlo.

Agonía sentía cada vez que cruzábamos miradas. Sólo quería correr a tus brazos y quedarme ahí y hablarte o comprar un helado y caminar o simplemente mirar en aquellos ojos profundos en los que alguna vez yo navegué.

Recordaba esa sed por mi que siempre tuviste, cuando tus besos no eran simplemente amor, era alegría infinita porque nos encontramos el uno al otro y estábamos ahí, en alma y cuerpo. 

Te amé de una forma que no voy a volver a amar a nadie más, porque simplemente el primer amor es el más profundo, y el tuyo fue como un cristal, sincero, vulnerable, transparente y valioso. Me costó tanto adaptarme a una vida en la que ya no existías, y en la que yo ya no existía en la tuya. Te vi repartir esos momentos que yo atesoraba y anhelaba con otros y mordiéndome los labios intentaba no pronunciar tu nombre. Nunca nadie escuchó, pues aprendí a callar y a fingir a la perfección.

A cada encuentro la pasión me inundaba, pero simplemente te saludaba para poder llevar a cabo una actuación que sabía de memoria; levantar las ojos, mirarte por menos de tres segundos, sonreír, bailar, mirarte mientras tu no lo hacías para poder tenerte aunque sea en imágenes, bailar y emborracharme hasta olvidar quien era yo y quien eras tu. Acto final, al finalizar la noche te pensaba tan fuerte que esperaba que nadie me oyera, pero muchos lo hicieron. Hasta los días de hoy, no saben el nombre del antagonista de mi historia de amor. 

Meses pasaron, miradas llenas de odio que me hirieron hasta romperme una vez más. Me anulaste tanto que ya no pude bailar, ya no pude expresarme pues la pena me inundaba y tu siempre estabas ahí.

Meses pasaron, miradas de perdón, miradas de disculpas, abrazos sinceros y palabras furtivas. Meses pasaron, te recuperé en mi vida pero nunca como quise que sucediera. Aveces te tenía como amigo, a veces como conocido, aveces como un desconocido que te invita a olvidarlo, pero no pude hacerlo.


En secreto siempre rogaba para que aparecieras donde yo estaba, aunque sea para poder robarte unos segundos de tu vida. Hacia el final sentía que te recuperé un poco más, sentía que ya casi te tenía, sentía que tus ojos volvían a ser profundos y que podría navegar en ellos, tu sonrisa diáfana me alegraba los segundos míos, pero hay un detalle; esta vez te pierdí para siempre. Te vas de mi vida, para siempre, por siempre y consciente.

Te voy a extrañar, te voy a volver a sufrir como la primera vez, esta vez sin tu presencia, y me voy a obligar a superarte. Ya te extraño, ya siento esos vacíos entre palabras que voy a decir: 

1. estoy bien (mentira)

2. ya no lo extraño (mentira)

3. casi no lo recuerdo (mentira)

4. me voy a volver a enamorar (una casi mentira)

Vacíos... vacíos... vacíos.

Nada es verdad, nada será verdad, solo nuestra historia fue verdad. Te deseo lo mejor, porque mereces lo mejor. Nuestras vidas se separan para siempre, pero una parte de mi te recordará hasta que pueda olvidarte. Y aunque algún día sea capaz de olvidarte, la promesa de recordarte se mantendrá pues siempre estaré escribiendo acerca de aquello que tanta felicidad me dio y que tanto amor me entregó.



lunes, 1 de junio de 2015

Tengo miedo de desaparecer por completo

Tomé una maleta, buenos deseos, ganas de iniciar y me fui de paseo.
Tomé la decisión de viajar para poder atraer energías necesarias y alejar esos fantasmas de los que uno se hace amigos en el diario vivir. 


Observé el mar y las olas mágicas que pueden hacer entrar en razón hasta al mas loco de los cuerdos. Me rodeé de maravillas por tantas horas que simplemente era difícil dejar de observar el horizonte y los árboles que me llamaban a intercambiar energías. Me mojé con aquella lluvia que necesitaba depurar mis sentidos más pusilánimes que aún se esconden entre aquellos cuadernos que mantengo ocultos en el desván por miedo a ser descubiertos, después de todo, la vulnerabilidad es lo que nos mata día a día. Me senté a ver en los charcos mis recuerdos y memorias, a analizar cada uno y una de ellas, a verme caer y entender los porqué. Me encontré bailando la melodía de la tranquilidad y la paz, esa melodía anhelada que jamás soy capaz de escuchar, ahora por fin me encontraba junto a ella. Cocinando con personajes que ya no existen nisiquiera en las historietas, aquellos épicos personajes antagónicos dignos de ser descritos y vistos al menos dos veces en la vida. Sirviendo palabras a mi pasado, entregando elementos de inseguridad para que sean llevados lejos de mi ser. Esperando a ser descubierto para que de una vez por todas alguien me diga lo que necesito escuchar.

Pero no, nadie lo hizo, porque aquello lo susurro para que nadie sea capaz de escuchar.
Mirar al cielo y ver el pasado, es simplemente maravilloso. El cielo te obliga a cerrar los ojos, los ojos te obligan a imaginar lo que tienes en frente, tu obligas al cerebro a imaginar, la imaginación obliga a la memora a ser parte de este proceso, y la imaginación finalmente se ve interrumpida por los sentimientos que están deseosos de arruinarlo todo.
Me senté en el borde de la cama, mirando un perro interactuar en total sinceridad con otro. Sinergia, control, imaginación, interacción, comunicación.
Me resulta difícil mantenerme erguido y quieto, quiero correr.
Avanzo por el pasillo esperando ser detenido y consultado sobre situaciones cotidianas, pero nadie parece notar que en mi cabeza se han comenzado a acumular ideas y situaciones poco ortodoxas.
Al llegar al balcón, me detengo y me encojo. Mirando hacia el horizonte observo lo que ha sucedido, recuerdo los cambios en mi cuerpo, siento la palpitación del corazón a medida que acelera, cubro mi cara para sentir el frío que el día ha generado en ellas, y recuerdo y recuerdo y recuerdo.
Mi corazón se detiene por un segundo, la respiración se agudiza, y mis labios pronuncian finalmente un nombre.
El vacío se apodera del camino, el verde del silencio, la tierra de la nada. 
Mi historia revolotea en el aire como mariposas, avanzando hacia el horizonte en donde se encuentra con mis suspiros. 
No es mi culpa, no quiero que lo sea, no quiero. 
Despierto a la luz del sol, y de frente el mar, profundo y poderoso. Me confunde su brillo, en el veo un esbozo de sonrisa que jamás olvidé, palabras que en mis labios quedaron para siempre. Falta de profundidad, no hay suficiente, requiero más. Mis ojos una vez llenos de vida y pasión, ahora vacíos y silenciosos.
El día termina y emprendo el viaje de regreso. Lluvia gruesa cubre mi retorno, y más palabras. Más historias, más canciones, más letras, más signos, más miradas.
Miradas no sinceras, hago lo mejor por disimular, pero mi interior no deja de existir, pero se extingue. Tengo miedo a que desaparezcas por completo.





martes, 7 de abril de 2015

Observar

Vacíos entre palabras, vacíos entre espacios, soledad entre sentencias, me sentía solo.
Una vez que acabaron de devastarme, me senté y esperé que alguien viniese a mi rescate, pues eso es lo que siempre hago.
Viví en un sueño por dos semanas, vivía una realidad alternativa. Yo un animal cautivo, y el alguien que haría lo que fuese para encontrarme, pero la ilusión terminó a la pocas semanas.
Viví sin entender mucho tiempo, mirando a las estrellas y esperando que llegara el otoño para confundir a aquellos que dudaban de mi falta de lágrimas, así nunca nadie las vería. 
El otoño tiene algo mágico, trae paz y desesperanza. Todos se encuentran a mitad de camino. Las hojas los bendicen mientras caen de los árboles. La neblina tapa los rastros de amantes. El frío obliga a los abrazos a hacerse presentes. A mi, me trae soledad.
Esperé y esperé, con pena en el corazón, pero con la esperanza a flote.
Me quedé por horas eternas mirando aquellos nuevos ojos, confundido con el mar que podía ver dentro de ellos. Pero en ese mar, me perdí.
Quise entregar algo nuevo, quise actuar como debía, sin miedo, sin frenos, sin barreras.
Quise disfrutar de este nuevo tiempo, de una nueva oportunidad.
Quise desocupar aquél espacio que alguien más había dejado hace apenas unos días atrás.
Quise y quise y quise, pero siempre hay algo algo algo que no terminé de esconder.
Un día, caminando por senderos llenos de desolación, me sentí seguro, y pude entender. Los árboles me miraban hacia abajo, haciendo referencia. El tiempo me apresuraba, el se agotaba, solo quedaban horas para ayudarme a entender. Mis pasos con premura me hacían volver al principio, debía repasar todos los detalles. 
El río corría ante mi, y llevaba consigo algo más que vida, tal vez muerte.
Un grito en el camino me despertó, me renovó, me hizo sentir quien era, hacia donde iba.
Comencé a danzar en el viento, las palabras se atascaron una a una en mi garganta. Una a una las frases llegaron a mi cabeza.
No debía, no podía, no quería pronunciar aquellas frases. Tenía miedo, sabía que una de ellas era soledad, era voluntad, sabía que era renacer.
Sabía que debía hacer, mientras seguía danzando.
Debía perder todo mientras podía, mientras aún quedaba algo de mi. 
Ahora sé que debía saber, ahora sé porque esperaba con ansias el otoño, ahora sé porque mis pasos denotaban un ritmo ajeno.
Mis manos ya no eran las mismas, mi cuerpo ya no era el mismo, mis ansias ya no eran las mismas, yo ya no era el mismo.
Algo se llevó, algo me quitó, algo cambió, algo algo algo.
Tanto tanto entregué, que ya no había nada más. Tal vez actué un papel, y decidí por el y por mi. 
Las palabras no fueron necesarias, ni el viento ni la lluvia para hacer aquella escena más de película.
Un beso de saludo y ni una palabra de despido.
Me quedé como debía, solo, sin nada, sin todo, sin nadie, sin todos, sin destino, sin pasos, sin palabras.
Y me alejo del mundo, porque es lo que debo hacer. Me alejo del mundo para poder volver a ser yo, sin nadie, solo yo.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Tuve miedo, tengo miedo, tendré miedo.

Desperté un día, repitiendo tu nombre mil veces. Desperté una tarde, y tu rostro se reflejaba en las luz diáfana que rociaba mi rostro de certidumbre. Desperté una noche, y ahí estabas, ya no eras más un artificio, no eras más una visión, eras una realidad utópica.
Me hundí en culpa sin entender que hacía. Nunca conocí una realidad tan abstracta como ello, el amor, que era el amor más que sufrir y perseguir. Entender que era el amor, era un desafío. 
Era tiempo de deshacerme de fantasmas, de historias sin principio y sin final, de deshacerme de toda la pesadumbre que llevaba conmigo y se acumulaba en los surcos del alma y que van acabando de poquito con tu ser. 
Tomé mis lagrimas y las guardé en un lugar seguro, no me gusta que otros entes sepan que el alma mía es tan tenue y sutil, madre siempre me enseñó a guardar apariencias.
Agrupé toda evidencia de debilidad y la quemé, se fue, desapareció, se desvaneció.
Borré aquellos besos ocultos de madrugada, esas manos que se entrelazaban ocultas entre aquellos destellos en el tiempo, las miradas cómplices sin sentido, y los amigos en común, todo a la basura.
Me preparé por días para recibir aquello que estaba destinado a llegar, sin saber que en el proceso, estaba lastimando a alguien más.
Presumí de tener el alma más fuerte, de poder controlar lo incontrolable, y de obviar el amor como materia concerniente, pero no era así. Cada vez que una lágrima se secaba, mi alma crecía y se restauraba, y fueron muchas las lágrimas que tuvieron que secarse. Y ahí estabas tu, serenidad ante todo, sin miedo, con alegría, sin miedo, con endereza, sin miedo, con aquellos ojos impasibles..sin miedo.
Nunca entendí como sucedió, solo sé que pasó. Entendí quien eras, de donde venías, porque venías, pero nunca entendí ¿porque yo?, si cualquiera era mejor que yo.
Presumí de tener seguridad, pero aquella convicción era falsa. Me jacté de tener fuerza, pero todo lo que tengo es fragilidad. Presumí de tener amor propio, pero todo lo que tenía eran inseguridades. Presumí de estar entero, pero lo único que me quedaba era un alma hecha pedazos.
Tuve miedo, tuve miedo, tuve miedo, tuve terror de dejarte entrar. Fue un proceso aún más largo que el hacer entender a aquellos que me rodeaban de mi osadía, creo que de alguna forma ellos creyeron, hasta cierto punto, todas las mentiras de las que los fasciné por años, un ser humano sin sus características primordiales.
Aprendí a ser inerme de nuevo, y mostrarme como tal ante el mundo, a confiar en las personas y entender el estado humano como tal, lleno de debilidades y errores. Aprendí a mirar a los ojos y decir la verdad inmaculada . A prendí a que no debía herir a otros para poder mantenerme estoico, de hecho, aprendí a que no debía permanecer fuerte, sino más bien frágil para afrontar el mundo. Aprendí a amar mis lágrimas y disfrutar las penas. Aprendí a abrazar de nuevo, y a disfrutar del amor que otros podían brindar, ese amor de familia puro, ese amor de amigo supeditado. Aprendí a escuchar sin tener que responder. Aprendí a dejar de pelear con mi necesidad de perfección. Aprendí tanto, sólo para poder estar listo.
Llené mi mente de letreros llenos de esperanza, mis ojos de imágenes del mundo, mis orejas de melodías sin fin, mis manos de nuevas sensaciones, mi cuerpo de vulnerabilidad.
Ante mi, tu, y ante tu, yo. 
Nos vimos, cruzamos miradas a medida que la noche avanzaba, me acerqué a ti y fue el fin de una historia, y el comienzo de otra. 
Tus ojos miraban los míos con profundidad absoluta, tus palabras y las mías se sentaron a planificar una tregua. Tu cuerpo y el mío una melodía. Y tus ojos, nuevamente, directamente impactando los míos, como un planeta nuevo por descubrir, un planeta cn una nueva historia de la cuál ser parte.
Pasaron días y días, y todo era nuevo. Celos, ansias, ganas, latidos, besos, manos, palabras, corazón, palpitar, sol, historias, soluciones, sueños.
Con miedo seguí adelante, con histeria continué, con terror dije mis primeras palabras, con ansias esperé, y con el corazón roto una vez más terminé.
No puedo culparte, no lo haré jamás. Merezco todo, merezco todo, merezco todo (debo repetirlo todos los días para no odiarte)
Tuve miedo, me arriesgué, tomé posición, con inseguridad dije aquellas que se encontraban en lo más profundo de mi garganta, de donde al parecer nunca debieron salir. Y ahí quedé, como temí, solo como al principio de esta historia.
Una historia que se repite una y otra vez, sin importar los personajes, sin importar los escenarios, sin importar los días, los meses, los años. 
Tuve miedo porque tuve un corazón que rompieron sin justa razón. Tengo miedo porque me está costando trabajo tomar esos pedazos pequeños que te entregué y quedaron en algún lugar. Tendré miedo, porque a pesar de haber cambiado, en algún lugar aún se encuentra el pendejo inseguro que solo quiere renunciar a sentir.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Enseñanzas

Aprendí a vivir en tus silencios, entre tus mensajes inequívocos.
Aprendí a existir en tu inexistencia absoluta, tu falta de decoro, tus razones obvias, tus palabras vacías y al viento.
Aprendí que un beso tuyo, simplemente es un regalo que nadie atesora más que yo.
Aprendí a prescindir de tu voz, de tus manos que cubrían esos pedazos de alma que caían a veces mientras el trago dejaba fluir apenas hacía efecto.
Comprendí entonces que tu falta de apego no es conmigo, es con el mundo. Que tu interés primordial jamás seré yo, siempre serás tu.
Yo aprendí, sufrí, morí y volví a vivir.
Sufrí un proceso de transformación que me dejó en donde estoy ahora, en la cima.
Contigo aprendí mucho más sobre el mundo de lo que jamás aprenderé con los que participantes de él.
Aprendí a caminar a las seis de la mañana de la mano de alguien más, sin importar miradas, sin importar el mundo, sin importar ni el frío, ni la lluvia, ni el viento, porque nada de eso existía.
Aprendí a esperar una llamada telefónica que jamás llegaría, y a alegrarse cuando sonaba mi teléfono.
Aprendí que los ojos son lo más bello de una persona, pues es en ellos donde vemos la verdad del ser, en donde puedo descubrir inmediatamente lo que piensas, lo que piensan, lo que pienso.
Aprendí a tomar las oportunidades que se presentan en frente, y a valor a aquellos amigos que casi pierdo por tu culpa.
Aprendí que te quiero, pero que me quiero aún más a mi. Aprendí que te quiero, pero que quiero aún más a mis amigos. Aprendí que te quiero, pero que a mi familia la amo.
Aprendí contigo que el tiempo es primordial, y por ende no puede ser tomado por amores pasajeros sin el consentimiento del otro.
Aprendí a hacer sufrir, a no esperar nada de nadie, así nadie esperaría nada de mi.
Aprendí a estar en silencio, a esperar pacientemente.
Aprendí que las canciones de amor, no son de amor, y que las canciones que hablan de la soledad, no son tan duras como pensaba que serían.
Aprendí a desarmar el tiempo, a destrozar recuerdos, a enmendar errores, a pedir perdón a las personas que hice daño por tu culpa, a mirar la vida de otro modo, a amar lo que tengo, y lo que perdí.
Aprendí que perder no es algo malo, sino más bien un proceso que debe ser abierto una y otra vez.
Aprendí que sufrir por ti es en vano.
Aprendí a no esperar por ti nunca más.
Aprendí que siempre serás parte de mi vida, y yo siempre seré parte de la tuya, pero sin existir en la vida del otro.
Porque lo más bello que me enseñaste, es que la libertad de mi vida, está por sobre todas las cosas del mundo, y que nadie puede ni debe quitarla. Que un segundo cuenta como un día, un día como un año, y un año como una eternidad. Aprendí que aún puedo besar tus labios, pero que los sentimientos se quedaron en aquellas calles que recorrimos, y que la lluvia las borró para siempre.

viernes, 29 de agosto de 2014

Nada es absoluto

Soy un creador, un destructor, un masificador y un ladrón. Creo y destruyo constantemente. Nada me parece real. Todo se encuentra estático y perfecto, sin solubles que me ayuden a contaminar. yo no busco perfección, yo quiero mantenerme estático, mis formas cambian, mis pensamientos desaparecen, mis emociones se escapan. No busco alimentar mis demonios internos. No quiero continuar una linea de vida recta y prolija que eventualmente terminará cortando mi alma. Yo vivo. Yo quiero vivir. Tengo ansias de vida. Tengo ansias de cambios constantes. Aquellos que osaron integrarse, a pesar de las adevertencias tatuadas con titna en mi cuerpo, fueron dejados atrás, en campos abiertos. En sólidas historias. En otros otros cuentos en los que el amor si perdura. 
En mi historia mi alma y sus partes están en construcción constante. Mi corazón palpita al unísono con una historia muy lejana y ajena. Una vertiente fría y casi congelada a la que asiste cada día, con la sola esperanza que el verano vuelva nuevamente. 
Esta es la historia de mi cuerpo. Frío y distante. Aún así permanece en estado constante de interacción con otros entes. Conectándose de forma platónica con otros, creando lazos con tiras de papel, para que aquellas lágrimas que se escapan sin ser bienvenidas las rompan y desaparezcan. 
Del dolor a la libertad, del conocimiento total a la ignorancia absoluta.Descontrol total de placeres que se mezclan y emergen cada noche en mi. 

miércoles, 7 de mayo de 2014

El amanecer de una noche

Siete meses en absoluto silencio. Siete meses de conversaciones intensas entre aquellos demonios que me atormentaron por años y aquellos y se apoderaban de mi desde adentro. Siete meses en los que mi alma se apoderó totalmente de mi ser, extirpé toda duda, todo relato inerte, todo sentimiento ajeno, hoy me siento vacío y listo para comenzar.

Describir en palabras lo que ni con imágenes puedo expresar sería una tortura, para mi, para mi, y para mi.

Un árbol comenzó a nacer en mi. Octubre fue un mes glorioso. Octubre de 2013, un mes en el que por primera vez escuché mi alegría interna, todo comenzaba a renacer. Placeres culpables y el cielo se iluminaba completamente. Mi melodía era completamente armónica, sinfonías menores que se mezclaban entre mi composición.
Las imágenes que fui creando, eran maravillosas, son maravillosas, serán maravillosas.
Los fantasmas uno a uno egresaban con título propio de mi. Serían reconocidos en la vida como unos maravillosos seres que se alimentaron por años de los miedos más profundos. No sabría decir exactamente cuál fue el hecho en concreto que los alejó. Pero se fueron sin despedirse, todos a excepción de Ovo, el siempre se encargó de dirigir mis fracasos hasta el final, aún permanecería conmigo por un tiempo más.
La naturaleza comenzaba a resurgir en mi, nuevas palabras, nuevas composiciones, colores que nunca antes había visto, todo era nuevo y maravilloso. El mundo entero podía ser observado desde cinco dimensiones esta vez. Cuanto amor, cuanta alegría, cuanta pena, cuanto fracaso.
Me senté un día junto al río a analizar, y todo era diferente. Ese gran monstruo que siempre estuvo observándome desde enfrente ya no estaba, ahora podía verlo pequeño. El retorno ya no era oscuro, ya no se llenaba de pensamientos suicidas y ni de notas de despedida imaginarias. Ya nada era igual. Los árboles tambaleaban sus ramas de un lugar a otro celebrandome, lo sé, siempre fue así. El río en su conteo regresivo permanecía conmigo, ahora me conocía, me sostenía las lagrimas.
Esta vez me sentía unido a todos, y a nadie en particular. Me sentía parte de algo, de alguien, de muchos y de pocos, de todos. 
Mis sonrisas poco a poco se convirtieron en carcajadas absolutas. Mi interior no era invernal, ya no sentía frío, ahora florecía cada idea nueva en mi, cada pensamiento era premiado y absolutamente llevado a cabo, yo me sentía en explosión constante. 
Así comenzó un cambio que aun no culmina, que no se detiene, que se encuentra constante.
Las luces de la ciudad comenzaron a iluminarme, y yo a ellas. Cada ente que se entregaba por completo a la vida, y así lo hice yo. Comprendí que debía continuar en constante oscilación ante todos, ante mi, ante ti.
Cada mañana era una melodía nueva para el alma, una sinfónica totalmente distinta, un conjunto totalmente armónico.
Aquellos nombres que me acecharon por tantos años, simplemente se borraron. Los recuerdos desaparecieron, a excepción de los cientos de páginas escritas que darán cuenta por siempre de las obsesiones y los amores que quedaron en el olvido. 
La noche se volvió mas oscura, y mis ojos se adaptaron a ella. Ahora veo en lo azabache, ahora distingo depredadores, ahora sé luchar.
El ritmo se encontraba junto a mi, jamás me abandonó. Las palabras sentadas en el suelo esperando un orden coherente, pero en medio de esta creación ya no hay orden, ni reglas, ni juegos, ni nada que pueda ordenar, ahora soy yo, sin nada, con todo, en medio del mundo.
Ahora gobierno, ahora entiendo, ahora entrego y quito absolutamente todo, ahora si.
Pero en el paso a mi libertad, de mi mismo, herí. No me siento culpable, no me siento responsable, no siento pena, pero debiese. Llegó en un momento neutro, y en eso, ni siquiera yo puedo dictaminar.
Para cambiar, el caos debe gobernar. Mi mente y mi vida fueron un caos constante durante algún tiempo. Caí en reverencias absurdas, senderos sin razón, armonías sin sentido. Pero acabé, pero terminé, y entendí.
Amanecí de una noche constante. Ahora la luz completa se acumula dentro de cada paso. Y atardecí a la oscilación.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Energía

Estoy tan lleno de energía de vida que duele. Tengo tanto que decir que mi garganta se cierra y las palabras se quedan atoradas en algún lugar entre mi estómago y mis pulmones. Tengo tantos sueños que mi cabeza no entiende ni divisa la realidad externa. Tengo tanto dentro, tanto que se acumula, tanto que duele, duele el corazón, el estomago, la cabeza. El aire a mi alrededor es denso, es oscuro, está falto de vida.
Tengo tanta vida, tengo tantas, tengo tantos meses, tengo tantos planes, tengo tanto tanto tanto y no queda nada, me desespero, la respiración se torna difícil. Todo lo he perdido, porque tengo tanto pero hay cosas que ya perdí, y que quiero de vuelta, y que nunca voy a tener. 
He pasado mi eternidad finita en un lugar tan oscuro, que aún la misma felicidad se digna a aparecer por ratos tan estrechos, tan cortos, tan mínimos y desaparece, y yo permanezco en ese estado eterno del que no sé salir. 
Oprimo cada uno de los puntos a los que destino aquellos que alejo con velocidad máxima. Todo enardece la vida, todo se oculta tras mis trincheras. Mi voz tiene tanto brillo, que alumbra aún en esa oscuridad, las palabras son mis espadas, ellas fortalecen cada una de mis debilidades externas, las internas se debilitan a cada segundo, pero el enemigo no las conoce, ni siquiera yo les conozco. 
Estoy tan lleno de vida, y el tiempo es tan corto. Estoy tan lleno de tanto que el todo se absorbe dentro de de esta oscuridad, dentro del vacío. Son las penas las que sofocan la vida mía, pero son ellas las que me absorben y me dirigen en una creatividad absoluta, y puedo sumergirme por horas, por días, por semanas completas. Cada día algo en mi se acaba, algo en mi se apaga, algo en mi cambia. Cada día algo en mi crece, cada día algo en mi se retrae, algo en mi aparece y desaparece. Mi mente parece cielo en día de tormenta, se deja llevar por horas, la oscuridad desvanece todo, y pequeños pedazos de ideas caen constantemente.
Estoy tan lleno de energía que me alejo para poder controlar aquel poder interno. Tengo la necesidad de esconderme de todo aquél que pueda alimentar aquello energía, porque cuando se desata caigo al suelo, y no logro detener el proceso; ella acaba conmigo.
Las sombras recorren cada cuarto, cada cuento, cada escrito, cada poema, cada historia, cada vida mía. La luz siempre esquiva, se asombra cuando me encuentra impávido, deseoso de vida, ávido de locura. La locura es un estado en el que habito de Viernes a Domingo, un estado inconcluso, dañino, perfecto y total.
Estoy tan lleno de energía, que lo sé, un día ella acabará conmigo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Sueños inmóviles

Cada pedazo de verdad impactando tiernamente cada espacio del cuarto cerrado. En cada espacio vacío un estante que ayuda a separar cada todo en su lugar. Un diamante que se mantienen en posición para poder llevar a cabo cada esperanza programada en el camino. Un hechizo que se ha dispuesto para poder lograr una idea, un deseo.
Se destruyen en sólo segundos los cimientos atisbados de un sueño, de una idea preconcebida que nunca tuvo razón de ser y jamás lo tendrá. Un sueño, una canción, una tormenta prometida y encadenada a existir por siempre como un recuerdo de aquellos sueños. 
Cuerdas de una guitarra que por dentro parecen describir una historia aún mas profunda que el corazón mismo. Una maraña de palabras necias que se mezclan lentamente con la realidad que se acaba al comenzar una nueva oración. Los sentimientos ebullen a cada segundo, continúan esparciéndose con mayor rapidez, las palabras comienzan a tomar forma, nombres, deseos, lugares, horas, números. Observo, leo y calculo, me vuelvo inconsciente e inconsecuente, no puedo dejar de establecer patrones y de proyectar, lo intento, pero no puedo.
La oscuridad una vez más es parte del cuarto, el silencio torna en torno a una pantalla fría, una hoja sin razón, una mano erguida al viento, el humo del cigarro. Los contornos se vuelven filosos, la sobriedad parece desaparecer, la ebullición se produce en segundos, el volar parece el estado último.
Frente al espejo se presenta un personaje totalmente ajeno, con ojos cansados y labios secos, me pregunta sobre conceptos desconocidos, mi cuerpo se congela por horas, y me sacudo de un lado al otro. Los sueños se protegen de mi, se esconden, el espejo les da seguridad.
La luna se convierte en sol, alumbra todo, una canción se encarga de oscurecer todo aquello que ha sido puesto a prueba. Al final del camino encuentro una voz, me llama con seguridad, es hora de unirme a un encuentro.
Mis pasos lentos se dirigen hacia destellos de luz, se encuentran con miradas, incomodidad, muerte. Sonidos nocturnos que se convierten en la melodía del cuerpo y que acompañan a mis manos hacia el infinito para poder permanecer por mucho tiempo más. Mi cuerpo posee un hechizo, las formas cambian y se encargan de perecer en estado de sombra. Un sueño que se mantiene despierto, en la oscuridad, y salgo con un cigarro a su encuentro, me mira directamente, desafiante me indica el camino. Mi cuerpo no puede, no quiere, permanezco inmóvil y distante, por horas, por horas, por horas. Más formas rodean mi cuerpo, ni puedo evitarlo, la locura se mantiene en constante actividad en mi cerebro, intento hacerle desaparecer, pero en el camino desaparezco yo.
En un sillón cuento uno a uno los errores, las oportunidades, las miradas y las palabras, es hora de dormir y encontrarme con aquellos sueños inmóviles.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Cambio de piel

Estaba buscando una razón para poder mutar, para poder intercambiar el conocimiento del mundo con el mío propio, y de cambiar la piel y renovar las energías que quedan atrás, aquellas que se vuelven una carga al camino. Mis ojos cansados buscaban una razón para poder sonreír, para poder entender un sentimiento poco diáfano, un tanto distorsionado, muy disuelto en el tiempo. Al final de los días parezco haber encontrado algunas de las piezas que perdí en el camino.
Una celebración que permitía a mi cuerpo permanecer en un estado más catatónico que de movilidad absoluta, un par de invitados primarios y secundarios que embellecían cada segundo de la noche fría que me entregaba la ciudad sostenida por pilares de fiesta. Un cuento que se enredaba en mi oreja, un canción que nacía desde lo más profundo de mi garganta, la canto y el mundo se detiene, mi cuerpo encuentra su camino en la evidencia absoluta.
Los pasos me elevan por encima del agua, por encima de aquellos seres humanos atrincherados en un galón húmedo y vacío, el show ha acabado. Los personajes primarios me acompañan en mi hazaña nocturna, otros esperan por mi presencia, ya no somos los mismos.
Una espera que renueva energías, conversaciones que comienzan a tomar caminos sin recorrer, extrañados y sencillos, amor por la belleza del cuerpo. 
Años y amores, credos y estruendos, la lluvia deja de caer y estampidos de personas se escuchan en la calle, por fin es hora de seguir el camino. 
Invitaciones, agradecimientos, abrazos y palabras vuelan y se van, miradas discretas que dejan sentimientos inconclusos e invitaciones secretas y amadas. El tumulto una vez se hace parte de la noche. Manos que se entrelazan y descubren la libido que había permanecido oculta por horas eternas, los minutos pasan rápido y personajes nuevos llegan a cubrir y reemplazar a aquellos que se alejan. La noche llega a su término y mis deseos nuevos se acomodan en un lugar en el que puedan ser visibles por el resto de la re-estructuración.
La mañana llega con violencia, el sol cubre parte de mi calma taciturna, y despierto al día, buenos días día, buenos días sol.
Las horas transcurren con rapidez incansable, el resto de los planes no se hacen esperar.
Son cientos las formas en que la inmaculada verdad se presenta ante mi, elijo y pruebo y decido continuar, mi mente comienza a viajar con mayor velocidad que mi cuerpo. 
Diez, veinte, treinta nuevos personajes llegan a mi lado, risas e ideas y palabras y estamentos se presentan con tanta veracidad que es imposible compartirlos a todos, decido esconderme por unos segundos. 
Manos violentas y extasiadas me incitan a ser parte de un encuentro nocturno único, yo acepto la propuesta. Cuánta maravilla en el acto de romper reglamentos y estamentos establecidos por normas sociales crónicas, cuanto placer escondido tras cada luz que destella mi cuerpo. Mi cuerpo se funde entre la oscuridad infinita en la que me veo envuelto y los destellos de luz que se apropian de aquellos rincones mágicos de mi anatomía, pura excentricidad. Monitoreo los procesos múltiples y encandilo a los invitados espías. Todo es sonrisas y promesas, todo es secretos y complicidad, yo no soy yo sin ser tu conmigo, soy yo cuando la soledad y la oscuridad me funden, entonces mi estado ominoso recurre a mi y soy yo. 
Las líneas rectas y sin forma son expuestas ante la luz y la oscuridad, miles de miradas e invitaciones, yo acepto las diferencias y las reglas, yo entiendo y pretendo, yo encuentro y deshago, yo profeso.
La noche llega a su fin, y algunos labios encuentran su camino hacia los míos. Fragilidad descrita en miradas fortuitas que se encriptan en mi alma. Mi cuerpo se derrite y colisiona, destellos profundos.
El sueño por fin derrota mi cuerpo y mi mente, es hora de comenzar a entender cada segundo vivido. Una vez más mi piel ha comenzado a renovar su estado natural y comienza a mutar a un nuevo estado natal. 



martes, 27 de agosto de 2013

Sentimientos

Colores que se mezclan y transforman, y crean algo totalmente nuevo. Nuevas formas y deseos, nuevas palabras que se acumulan de a poco en mi garganta. Nuevos sentimientos que quedaron abandonados y que jamás remendaron sus heridas. Nuevos miedos y sepulturas abandonadas. Me trastorno con la sola idea de volver a comenzar una vez más de cero.
Más de cinco semanas, más de un año, más de mil meses, así siento el corazón, blando y sin entendimiento.
Vulnerabilidad compartida, una testigo concreto que se esconde tras de las sombras que cubro con un mantel pequeño, una harapos que he escogido presuntamente para celebrar, pero que hoy sirven para cubrir aquello que se ha desgarrado una vez más. 
Escribo por horas infinitas, pero más aún, las palabras parecen desaparecer de mis dedos y de mi boca, esos sentimientos confusos que pelean y agolpan contra mi pecho continúan moviéndose, a punto de vomitar.
Lo cierto, la confusión que llevo dentro de cada vibra de mi cuerpo es causada por una emoción que sobrepasa lentamente mis poros, que sobrepasa mi piel, mi pelo y mi ropa. Sobrepasa cada capa de persona, y afuera está, camina y juega, ya no está en mi pecho, ahora me mira directamente a los ojos, se burla y ríe en mi cara. ya nada puedo hacer. Los abismos tremendos en cada una de las etapas que me he visto forzado a atravesar, son vacíos tremendos en cada uno de ellos, vacíos que jamás han sido entendidos, son atravesados y empapados de nada.
Me mantengo en silencio por unos momentos, en solitario completamente, mis pensamientos han quedado en otro lugar, era necesario dejarlos fuera de mi. Escucho la lluvia caer lentamente, uniformemente, como silencios blancos. Canta mi alma lentamente, soplos y armónicas sin fin. El frío ingresa prontamente a través de las paredes, los silencios se van. vuelven nuevamente mis miedos.
En mi espalada se agolpa un deseo tremendo de correr, simplemente correr. Mi cuerpo lentamente despierta del trance profundo en el que lo sumí por más de una hora, la lluvia amedrenta las ideas, he quedado en blanco.
Sigo los pasos abundantes de mi persona, observo con lentitud un espacio vacío en el horizonte, iluminado tenuemente por la luna oculta tras de las nubes que cargan lágrimas con ellas, como yo lloro por dentro, no logro echarlo a fuera.
Los árboles se mueven con presura, el cielo de un color anaranjado parece presentir el volcán que tengo aquí dentro, permanece quieto para poder inspirar las palabras.
Quiero entender concretamente lo que sucede, pero me es imposible, el silencio se hace más grande y extenso, y me cubre, y me vacía, y me aplasta.
La noche tenue alumbra todo aquello que no pertenece, a lo lejos diviso sombras que juegan y entendienden. Entes de sombras y de luz que participan de la vida, y yo desde lejos observo, e intento imitar su vivir, pero me es imposible, el tiempo y mi mente han quitado parte de la vida que nunca viví, es tiempo de comenzar a expresar sin sentido mis palabras, quizás algún día, dejen de emerger con tanta velocidad y agresividad y me permitan continuar.


martes, 20 de agosto de 2013

Un día yo tuve un gran amor

Un día yo tuve un gran amor, una hora, dos días, tres semanas, cuatro meses, cinco respiros, seis palabras, siete encuentros, ocho lágrimas, nueve años.
Un día yo tuve un gran amor, de esos amores que las películas prohíben, de esos amores de libros de cuentos, de esos que nadie quiere olvidar. Fuimos un amor fugaz, yo existí siempre, siempre existimos, pero siempre por separado.
Un día yo tuve un gran amor que llenaba cada espacio de mi cuerpo y del alma. Cada palabra emergía con más poder, cada cuaderno era suyo, los poemas que emergían con lentitud desde una oscuridad ciega. Yo fui todo, los dos fuimos todo, separados eramos nadie.
Un día yo tuve un amor de esos de televisión, un amor tan grande que se quedaba fuera del corazón. El sentimiento era tan grande que pasaba horas engendrando planes hasta el cielo, llenando hojas y hojas de palabras que jamás serían escuchadas. Sus palabras era preciadas, los contornos de su cuerpo eran perfecto y se ajustaban al mío con facilidad infinita. Yo era una obra de arte del amor, la magia era parte de mi ambiente, las sonrisas, las creaciones y la naturaleza. 
Un día yo tuve un gran amor que la naturaleza y yo cuidamos por años, nueve años para ser exactos. Sinceridad absoluta en cada segundo, canciones que emergían desde lo más profundo de mi, inspiración divina. Sus ojos eran inmensos, profundos y engendraban una red de seducción total. Su sonrisa tosca y verdadera, alegraba mi día, mi noche, mi tarde y mi mañana, cada segundo era preciado para amar.
Un día yo tuve un gran amor que nunca me amó, todo era perfecto, yo siempre le amé con un inquebrantable ímpetu, tediosos, meticuloso, metódico y apropiado. El amor siempre estaba ahí, siempre quería más, exigía sacrificios más allá de lo divino y lo terrenal, yo intenté dar todo por mucho tiempo, pero aún así, todo nunca fue suficiente, hasta que se fue y nunca más volvió.
Un día yo tuve un gran amor que desapareció, se desvaneció en la neblina matutina, se fue a volar por el norte, y no quiso volver.
Un día yo tuve un gran amor que se perdió en la inmensidad del mundo, cambió su nombre, sus ojos, sus labios, y se casó con la oscuridad; yo aún le busco para despedirme.
Un día yo tuve un gran amor, jamás lo voy a olvidar.



sábado, 10 de agosto de 2013

Alma fauna

Inverosimilitud esparcida por la tierra como lluvia en un día de tormenta, rayos de credibilidad en una amplitud establecida de ante mano, y yo, un armadillo en un mundo totalmente ajeno al dolor ajeno. 
Cuento con espejos del alma, en ellos mi reflejo se ve atormentado por todos aquellos recuerdos y las memorias que de a poco se acumulan en tantos desvanes como canciones sobre ellos. Quiero comenzar una nueva historia, quiero poder olvidar todos aquellos detalles que con tanta dedicación he aprendido a través de un camino que no ha estado exento de sentimientos que muchas veces se confunden y se esmeran en ser desapercibidos. Un corazón me espera a la vuelta de la esquina, un corazón nuevo, el que tengo de por vida ya está cansado, desilusionado y solitario.
Una vez en la cima de una montaña prometí siempre hacer lo que mi corazón quisiera, y siempre lo he hecho; el problema es que mi corazón no siempre acierta en cada una de sus decisiones, he dejado de tomar riesgos y siempre me encuentro tomando aquellos caminos que se sienten mas seguros, que en general incluyen la soledad como acompañante.
Me he lastimado tantas veces, tantas heridas de vida, todas ellas sin curar, sin sanar, sin entender, jamás aprendí. Anoche, mientras me encontraba rodeado de persona, preferí alejarme y entender el minuto en soledad, me alejé tantas veces antes que la lluvia ahora solo podía cubrirme mientras los demás se sentían hundidos en alcohol.
Las palabras estaban frente a mi, dos acompañantes fieles también, ellos veían de a poco como mi cara se deformaba, algunas ideas solitarias querían lucirse en frente de ellos, decidí partir antes que ellas pudieran extenderse, pues sólo yo les conozco y me da miedo que el mundo también lo haga. Me vencen al final, y salen disparadas como dos balas con destinos decididos previamente, y se enfrentan entre si, mis acompañantes se sofocan ante tantas palabras, me entienden y desentienden a cada momento, muchos sentimientos se mezclan en sus cabezas, lo sé, la palabra muerte siempre asusta cuando las ideas son tan radicales como las mías; desaparecer en medio de una noche y volar desde un puente para no volver a hacerlo nunca más, algún día lo haré.
Los recuerdos se disipan con el pasar de las horas, las palabras se sientan a pensar en nuevas formas de expresión, y yo los dejo descansar de mi, aún para mi de pronto es demasiado, mi cama me espera perpetua y en silencio.
Mi alma flora ha satisfecho con creces sus expectativas, las flores emergen en cada esquina de mi cuerpo y los árboles son alimentados con exquisita delicadeza para perpetuar su existencia dentro del ecosistema que tengo por cuerpo. Pero el alma fauna, aquella con impulsos animales tan fuertes que ha sido relegada y ocultada de mi, puesta en un lugar oculto, para evitar la sensación de alimentar al instinto que llevo dentro, con furor, con rencor, con pasión y encanto. Esa alma se encuentra en descanso por ahora, no estoy preparado aún para lidiar con ese tipo de inconvenientes aún.

domingo, 4 de agosto de 2013

Alma en códigos

Mi alma hoy día despierta y descansa, algo diferente en las horas presentes. Con el pesar del día, las palabras en la cabeza avanzan como ideas, senderos que se abren y caminos que se crean como causas perdidas en el mundo, últimas advertencias. Humedad clara que procede con tímida rapidez, avanza de manera intensa y se aproxima al lugar exacto donde las ideas se han acumulado, encuentra un nicho y expande un temor, con ello lágrimas, y con ello pena; mi alma está llena de penitas que están presentes en cada segundo del día, ocultas del mundo, ahí, dentro de un cofre secreto, nadie las conoce, nadie las escucha, yo no quiero hacerlo, ellas no me necesitan porque siempre se hacen presentes.
La pena se hace evidente, se encarga de amargar el té que he preparado para poder tentar al cuerpo y adormecerlo por unas horas, pero me es imposible, la pena es mayor. Mis lágrimas pequeñas caen una a una, los demás observan con tentación mi cara; tentación profunda de entender mi comportamiento errático, pero nadie me entiende y no quiero que lo hagan, mi mayor secreto soy yo sin ellos. 
Respiración profunda, corazón acelerado, y pensamientos abstractos completamente, es imposible continuar en la misma habitación, permanezco inmóvil y ausente a toda opinión, entes completos y complejos analizan las situaciones de la vida cotidiana con tanta naturalidad que atreverme a opinar sería completamente descabellado, no puedo entender las palabras que salen de su boca, ya he llegado a un estado totalmente ausente, es hora de partir. Tomo mi bicicleta, y salgo al encuentro de la incertidumbre. 
Con rapidez conduzco, pedaleo sin precaución, sombras a cada vuelta, los árboles que se mueven de un lado a otro, una tormenta espera por todo aquel que se atreva a salir, yo airoso me siento privilegiado; un espectáculo de la naturaleza frente a mi, inspiración pura. 
El camino se hace extenso, no sé que busco, tal vez acelerar a mi corazón con tanta fuerza
que sea capaz de expulsar a pulsaciones las preocupaciones banales de mi cuerpo, o tal vez cansar mi cuerpo a tal punto que mi mente deje de funcionar en estado emocional absoluto y comprenda que el estado físico es mayor y permitido, no lo sé. La oscuridad en progreso permite esconderme entre las sombras, no es bueno que las personas vean tanto sentimiento junto en los ojos, el velo jamás debe caer, ocultar hasta el fin.
El viento y el frío se hacen presentes, me empujan cuando es necesario y me detienen cuando el camino se hace absurdo. He partido sin destino, pero en el camino comprendo que hay un lugar en el que quiero estar ahora, se encuentra oculto en el río, he estado ahí tantas veces que es parte de mi. Llego por fin a mi destino, él está ahí, un monstruo grande y descuidado, tan profundo y lleno de habitaciones, un edificio abandonado en la costanera, ha estado ahí por años, abandonado a la espera de un nuevo dueño, pero nadie ha tomado en serio su valor, sigue en estado invisible.
Una canción llena mi mente frágil de recuerdos, de bien, de mal, de totalidades y pedazos inexactos, memorias que invento y creadas a partir de una realidad jamás absoluta, resoluciones finales a cuentos que comencé a escribir hace mucho tiempo, tiempo muertos e indefinidos, sentimientos que encerré por años en frasquitos tan pequeños que los perdí en el camino, mudanzas de piel y de alma, prestaciones, valores, conquistas y fracasos, todo sale y se enfrenta y lucha por sobrevivir, tienen miedo de volver a esconderse en mi mente tras los miedos que tengo, que son mayores en cantidad y en volumen. Desde que era un niño guardé tanto en mi, tanto en mis posibilidades de cajón de recuerdos, que puedo hacer un mar entero de mi vida, escribir una historia me parece inevitable, aunque los detalles son tantos que podría perderme en uno de ellos y jamás escribir el fin. 
Yo, en mi entidad invencible, pretendo entender en mi totalidad una determinación absurda; ese edificio muestra su mejor cara para mi, cada habitación tan obscura y vacía, tan llena de nada, tan llenas de secretos e historias por contar, por inventar; cada una de ellas con personajes, voces y caracteres tan complejos y únicos, cada uno de ellos debiese celebrar. Un par de horas pasan, el frío vuelve a mi cuerpo, el edificio se despide de mi, debe volver a dormitar en estado eterno, es hora de regresar. EL río se hace presente, con un oleaje digno de ser presentado y celebrado, el viento se hace más fuerte esta vez, frena con mayor fuerza mi viaje, tal vez espera que cambie de opinión y me una a su viaje, aquel viaje que algún día realizaré, me iluminaré en los cielos infinitos y jamás regresaré, pero algo me dice que hoy no es el día. Una bandada de pájaros blancos se esparce en el río, se reencuentra en el cielo y desaparece entre aquellas nubes cargadas de grises, una segunda bandada hace lo mismo, y una tercera, cuánta belleza encarnada en los animales que iluminan el cielo en una noche gris, cada grupo persigue a los demás sin siquiera entender el camino, solo avanzan hacia lo incierto, tal como lo he hecho yo esta noche.
Las tentaciones se hacen presentes, pero esos pedazos de alma que se desprendieron en el viaje son más importantes de remendar. Llevo años intentando unirme, pero cada vez que me siento completo, destruyo lo que había y lo daño, cada trozo es utilizado para remendar lo que he quebrado, que cada vez se hace mayor, ya no sé que está bien y que está mal, cada acción que realizo con incoherencia es razón para sufrir y escribir. Tal vez debo alejarme de todo aquello que me inspira, la inspiración de hoy me llevó a realizar semejante viaje.
Sufro por amor desconsolado, sufro por pertenencia ajena, sufro por pena externa, por felicidad confinada al vacío, sufro por lo terrenal y lo divino; mi alma sufre tanto tanto que exculpar mis pecados se hace imposible, pero no puedo evitar sufrir, así vivo, en agonía eterna.
Llego a un brazo extendido de la soledad, la oscuridad ha tomado un trozo del camino esperando tentarme, pero hoy no es el día, el camino es extenso y debo retornar a casa con prontitud. Esperé por horas que la lluvia empapara mi cuerpo y exculpara mis deseos, que pudiera lavar aquello que es ajeno, lo colectivo, lo que no es esencial, pero jamás se presentó, mi sudor me indica que el frío se hará presente y no me dejará avanzar, en el miedo avanzo y pedaleo, el fin del camino se acerca y yo no puedo no avanzar y dejar pedazos inservibles en el camino, quizás en el futuro pueden servir a alguien más para encontrar respuestas propias. El día terminar y es hora de dormitar.

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